lunes, 26 de septiembre de 2016

ESTÉTICA DE LA EXISTENCIA EN LOS FILÓSOFOS PERROS





Los filósofos cínicos son conocidos como perros. Cynós es perro en griego. En las afueras de Atenas, se encontraba el Cinosargo, gimnasio donde Antístenes, fundador del cinismo, impartía sus enseñanzas. No se sabe a ciencia cierta de dónde proviene el nombre del gimnasio. Michel Onfray nos cuenta la leyenda de un perro que se robó un trozo de carne ofrecida a Hércules, entonces quien pondría dicha ofrenda pide consejo al oráculo de Delfos sobre qué hacer, este le propone que construya lo que posteriormente se llamaría el Cinosargo como tributo al mencionado episodio con el perro. Otros dicen que su nombre es en honor a cerbero, el perro de tres cabezas que cuida el mundo de los muertos. Si bien el epíteto que se les atribuye a los filósofos perros proviene del Cinosargo, les encaja de manera ajustada al comportamiento que llevaban estos filósofos: hacían sus necesidades en público (comían, excretaban, tenían relaciones sexuales o se masturbaban a la vista de todos). Recordemos que la filosofía que se conoce como helenística (posterior a la muerte de Alejandro Magno) deja atrás el estudio de la cosa, de la idea y se inclina más hacia lo axiológico, hacia la pregunta del cómo vivir, cómo comportarse, al saber vivir, a la virtud, hacia la ética pero también hacia una estética de la existencia, como diría Michel Foucault, donde la vida misma puede ser una obra de arte.
Jean-Léon Gérôme

La vida de estos perros parecía una obra de arte, un performance constante, unos personajes con vestuarios que se han convertido en símbolos, como el palio, el zurrón y el báculo que solían cargar. Al parecer a ninguno de estos filósofos, le molestaba que lo llamaran perro, de hecho otra anécdota sacada de Onfray, nos dice que Diógenes de Sínope, discípulo de Antístenes, le insistía a Polixeno que lo llamara perro, al ver el cínico la incomodidad en el otro, le dice: "Tú también llámame perro. Diógenes, para mí, no es más que un sobrenombre; soy, en efecto, un perro, pero me cuento entre los perros de raza, los que velan por sus amigos". Admiraban del perro su manera de actuar, sin ir pendientes de las vanidades ni el qué dirán, ellos proclamaban que no necesitaban nada más para estar completos, para ser felices, promulgadores de la autarquía, no estaban interesados en poseer, en tener; es por eso que se alejaban del lujo, comían cuando se podía, proclamaban elocuentes discursos y al mismo tiempo ladraban, mostrando los colmillos a quienes no les caían bien. Querían demostrar la hipocresía del mundo, desmontar las falsedades.

Para los cínicos la verdad no está afuera, la práctica de una vida sencilla es la verdad, está dentro de nosotros. Ellos proponían que la filosofía debería servir para el buen vivir. Preguntado qué había sacado de la filosofía, Antístenes respondió: “Poder comunicar conmigo mismo”. Por su parte, Diógenes, viendo a un joven que filosofaba, le dijo: “¡Grandemente!, tú induces a los adoradores del cuerpo a la belleza del alma.” Y a uno que se consideraba un hombre inepto para la filosofía le dijo: «Pues ¿por qué vives si no piensas en vivir bien?» De estas anécdotas contadas por Diógenes Laercio, podríamos sintetizar que Antístenes y Diógenes consideran que la filosofía nos es útil para comunicarnos con nosotros mismos, lo que nos conduce a tener un alma bella, o sea a vivir bien. El gnóthi seautón para una existencia bella y buena.

La idea de una búsqueda en el interior de nosotros mismos era defendida por Sócrates. En tal sentido, observamos la influencia que marcó Sócrates en filósofos posteriores. Al contrario de los presocráticos, quienes se empeñaban en buscar la verdad en la naturaleza y de Platón que sostenía que la verdad se encontraba en otro mundo, otros filósofos influenciados por Sócrates, como los cínicos, los escépticos, los estoicos, escudriñaban respuestas dentro de sí mismos. Sócrates da pie a que aparezca el cinismo y este da apertura a que aparezca el estoicismo. Podemos llegar desde Sócrates hasta el estoicismo en relación de maestro-discípulo, es decir: entre los discípulos que tuvo Sócrates, se encontraba Antístenes, este tuvo como discípulo a Diógenes, quien, a su vez fue maestro de Cretas de Tebas y este de Zenón de Citia, fundador del estoicismo. Todos ellos tienen en común la relevancia que le dan a la virtud. Laercio afirma: “Antístenes fue quien condujo a Diógenes a su tranquilidad de ánimo, a Crates a su continencia y a Zenón a su paciencia”.

Antístenes, antes de Sócrates, fue discípulo de Gorgias. Diógenes Laercio relata que “de todos los socráticos, sólo a éste celebra Teopompo”. Este último expresó que Antístenes fue muy hábil, y que “con la elegancia de su conversación captaba a cualquiera”. Podríamos argüir que aprendió lo que pudo de los sofistas, la elocuencia quizás, la manera de expresarse a la que muchos sorprendía,  pero esto no le bastaba, ahí no estaba la verdad; la cual le preocupaba profundamente. Entre sus principales discursos y diálogos podríamos encontrar una referencia frecuente hacia la verdad. Al igual que en su discípulo de Sínope a quien le preguntaron, en cierta ocasión, qué era lo más bello que había en los hombres, y respondió: la parrhesia (el hablar franco).

En las clases dictadas por Foucault en el Collège de France, publicadas con el título de El coraje de la verdad, plantea un estudio sobre la parresía, sobre la práctica de la verdad, el hablar y ser franco. Foucault diferencia entre tres tipos de verdades: la verdad del profeta, la que él llama verdad del sabio y la parresía. Mientras la primera habla en nombre de dioses y de futuros inciertos, la segunda es la verdad que posee el sabio pero calla, porque la verdad suele doler o incomodar, entonces mientras los demás viven en la falsedad, el sabio decide callar su verdad porque no le será escuchada; la parresía se manifiesta como el acto de ser franco en toda situación, en expresar la verdad aunque moleste, en cualquier momento donde se presente una mentira, un engaño, quien practica la parresía está con ánimos de desenmascararla aunque esto signifique la reprobación de todos. Foucault afirmaba que los cínicos eran grandes practicantes de la parresía.

El cinismo, en la práctica cínica, la exigencia de una forma de vida extremadamente acusada -con reglas, condiciones o modos muy caracterizados, muy bien definidos- se articula de manera muy vigorosa con el principio del decir veraz, el decir veraz sin vergüenza ni miedo, el decir veraz ilimitado y valeroso, el decir veraz que lleva el coraje y la osadía hasta convertirse [en] intolerable insolencia. Esa articulación del decir veraz con el modo de vida, ese vínculo fundamental, esencial en el cinismo, entre vivir de cierta manera y consagrarse a decir la verdad, son tanto más notables cuanto que, de algún modo, se forjan de inmediato, sin mediación doctrinal o, en todo caso, dentro de un marco teórico bastante rudimentario. (Foucault, p.176)

Aparte de la verdad, el deseo es un tema frecuente en los cínicos. “Primero maniático que voluptuoso” solía decir Antístenes. Cabe destacar, que estos filósofos eran en cierta medida ascéticos. Gran parte de ellos suprimían o intentaban no hacer casos de sus deseos, al menos de ciertas necesidades como el hambre o la sed. Sin embargo esta represión de los deseos no se aplicaba a lo sexual, ya que no se retraían en satisfacer sus necesidades sexuales, incluso en público, según lo que nos cuentan quienes hablan de ellos. Siempre se habla de un Diógenes que se masturba en público, a quien no le interesan las miradas hostiles. Al igual que se cuenta que Crates e Hiparquía tenían relaciones sexuales en cualquier lugar a plena luz del día.
Esta última es una de las primeras filósofas que se conoce en la historia. En la antigüedad las mujeres no se dedicaban mucho a la filosofía, algunos filósofos desprestigiaban el raciocinio femenino. Se dice que de las primeras mujeres que se inclinaron hacia la filosofía se encuentran en el pitagorismo. También se habla de Aspasia de Mileto y posteriormente de Hipatia, quizá la más importante de la antigüedad. Así destacamos a Hiparquía como un símbolo de emancipación femenina. A Teodoro el Ateo, quien de manera burlesca le reprochaba por ser mujer y filósofa le responde: "¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?". Tras su muerte, declararon en Atenas una fiesta  anual en su honor denominada Kynogamia, que vendría siendo un día en el que se le da la bienvenida a la mujer a la filosofía cínica.

Cabe destacar, de manera biográfica, muchos de estos personajes, así como tuvieron una vida emblemática, de igual modo tuvieron una muerte de la misma magnitud. Peregrino Proteo se suicidó quemándose durante los Juegos Olímpicos de 165 d. C., era considerado como una especie de enlace con la divinidad y le erigieron una estatua. Otros, también considerados guías espirituales, como Demónax, y Crates, murieron de hambre.

 Estos filósofos no manejaban una teoría, en el sentido de conceptos y categorías filosóficas. Casi ninguno de ellos dejó obra escrita de filosofía, algunos, cuando escribían se expresaban de manera literaria como las sátiras de Medipo de Gadara; otros incursionaron en la gramática, como Zoilo. Sin embargo, al referirnos a los cínicos se tratan ciertos temas recurrentes, como la verdad, la virtud, la autarquía, la ética, que son tomados en cuenta a través de la historia. Desde Séneca quien era amigo de Demetrio y en De Beneficiis, lo halaga calificándolo como un “hombre rigurosamente perfecto en su sabiduría, aunque él sea el primero en negarlo todo; de una lógica inflexible en su línea de conducta; de una elocuencia adecuada a los pensamientos más viriles, sin ornamento, sin búsqueda laboriosa de la expresión, pero que persigue [impnus tulit] con un orgullo soberbio, al azar de una fogosa inspiración, la exposición de ideas personales"; pasando por Nietzsche quien dijo que “el cinismo es la única fuerza bajo la cual las almas vulgares rozan lo que se llama sinceridad”; hasta Foucault —como ya vimos— podemos encontrar influencias de los canes filósofos.

Mártir de la verdad entendido en el sentido de "testigo de la verdad": testimonio dado, manifestado, autentificado por una existencia, una forma de vida en el sentido más concreto y material del término, testimonio de verdad dado por y en el cuerpo, el vestido, el modo de comportarse, la manera de actuar, de reaccionar, de conducirse. El cuerpo mismo de la verdad se vuelve visible, y risible, en cierto estilo de vida. La vida como presencia inmediata, clamorosa y salvaje de la verdad: eso es lo que se manifiesta en el cinismo. E incluso: la vida como disciplina, como ascesis y despojamiento de la vida. La verdadera vida como vida de verdad. (Foucault, M. El coraje de la verdad, p.187)
                                                                        

Pese a los miles de elogios que han tenido los cínicos, se encuentran también las críticas que otros han hecho de su forma de vida. Teofrastro, cita Onfray, retrata de esta manera a un cínico:
es un hombre que maldice y tiene una reputación deplorable. Es sucio, bebe y nunca está en ayunas. Cuando puede hacerlo, estafa y golpea a quienes descubren el engaño antes de que puedan denunciarlo. Ninguna actividad le repugna: será patrón de una taberna y, si es necesario, encargado de un burdel, pregonero e incluso, si se quiere, recaudador de impuestos. Ladrón, habituado a las comisarías y a los guardias civiles, a menudo se lo encuentra, locuaz, en la plaza pública, a menos que se convierta en abogado de todas las causas, aunque sean las más indefendibles. Prestamista con fianza, tiene además la soberbia de un mañoso y no cuesta mucho imaginarlo como el gánster emblemático: "Puede vérselo haciendo su ronda -escribe Teofrasto-, entre los taberneros y los vendedores de pescado o salazones, para cobrar sus ganancias".' Para completar el cuadro, no olvidemos que el cínico deja sin sentir vergüenza que su madre se muera de hambre. (Onfray: Cinismo. Retrato de los filósofos perros)

Luciano de Samosata, en algunos de sus textos, como en Los fugitivos y La almoneda de los filósofos, ataca a la filosofía en general, y hace énfasis en el cinismo y en cínicos como Peregrino, aunque elogia a Demónax en Vida de Demónax. Por su lado, Juliano, el emperador, también dirige comentarios despectivos contra los cínicos en sus discursos “Contra el cínico Heraclio” y “Contra los cínicos incultos”.

Por otro lado, en Alemania entre el siglo XIX y XX, varios autores (entre ellos, Tilich)  han tratado el tema del cinismo y han diferenciado un cinismo antiguo de un moderno. Por un lado tenemos el Kynismus y por el otro al Cynismus. Mientras que el primero trata, en efecto, la manera de pensar y vivir según venimos tratando, el Cynismus se referiría —en cierto modo— a lo que normalmente conocemos como cinismo en nuestros días. Un cínico, según entendemos, más que un hombre virtuoso es un sinvergüenza. Peter Sloterdijk publica en 1983 su libro “Crítica a la razón cínica” donde califica al cinismo como la “falsa conciencia ilustrada”. Sloterdijk afirma que el cinismo nace como una filosofía plebeya, pero transcurrido el tiempo, el poder burgués ha tomado aspectos del cinismo en el sentido en que ironiza la ética y las convenciones sociales, pero a su vez “produce un distanciamiento” se convierte en un “malicioso indvidualista”, por ende en la cultura tanto urbana como cortesana se va acumulando un saber mundano, existe una nostálgica idolatría a la conciencia de la ilustración, lo que en la modernidad llama Sloterdijk: conciencia enferma de ilustración. Sin embargo las conciencias son irreversibles, expresa el filósofo alemán. Sloterdijk expone que esta falsa conciencia de la ilustración ha dado pie, en cierto sentido al nazismo. Este filósofo nos da el ejemplo de la república de Weimar, donde cierta “lógica de estructura cínica” se masifica, y empeñados en la búsqueda de la autoafirmación y el conocimiento pareciera que los “medios para dar validez a los conocimientos parecen, incluso, más importantes que los conocimientos mismos”.

En relación con lo anterior nos queda cierto estupor o estado de prevención con el cinismo. Por un lado, lo correcto parecería practicar el hablar franco, la búsqueda de la virtud, de una vida con un estilo bello; debemos tomar del cinismo la humildad. Sin embargo, tenemos que por otro lado no podemos masificar una verdad impuesta a la fuerza ni reírnos de o vituperar a quienes no posean la verdad en sus manos.

BIBLIOGRAFIA

Foucault, M, El coraje de la verdad. Fondo de Cultura económica, 2010.
Laercio, Diógenes, Vida, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Biblioteca Virtual
 Onfray, M, Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. Editorial Paidós, 2002
Sloterdijk, P.  Crítica a la razón cínica. Ediciones ciruela, 2003.