Organizando lo que pienso y encuentro sobre humanidades y ciencia, sobre la vida.
viernes, 29 de julio de 2016
Un poco de sabiduría: “La Catedral de Darwin”, 2002. David Sloan Wilson
Un poco de sabiduría: “La Catedral de Darwin”, 2002. David Sloan Wilson: El propósito de este libro es tratar el concepto orgánico de los grupos religiosos como una seria hipótesis científica. David Sloan Wils...
miércoles, 20 de julio de 2016
CIVILITAS EUROPA: “DADME UN BALCÓN Y SERÉ PRESIDENTE”
CIVILITAS EUROPA: “DADME UN BALCÓN Y SERÉ PRESIDENTE”: Velazco Ibarra, en el balcón... Lo dijo José María Velasco Ibarra, y efectivamente, fue Presidente de su país, Ecuador, por cinco veces...
martes, 19 de julio de 2016
FILOSOFIA CLINICA : Del humor y la risaen la filosofía griega, David...
FILOSOFIA CLINICA :
Del humor y la risa
en la filosofía griega
David...: Del humor y la risa en la filosofía griega David De los Reyes Demócrito y Heráclito por Rubens. Las concepciones so...
Del humor y la risa
en la filosofía griega
David...: Del humor y la risa en la filosofía griega David De los Reyes Demócrito y Heráclito por Rubens. Las concepciones so...
martes, 12 de julio de 2016
EL MAL DE MONTANO: CONSTRUCCIÓN POSTMODERNA DE UN YO FICTICIO
“Soy
un enfermo de literatura. De seguir así, ésta podría acabar tragándome como un
pelele dentro de un remolino, hasta hacer que me pierda en sucomarcas sin
límites. Me asfixia cada día más la literatura, a mis cincuenta años me
angustia pensar que mi destino sea acabar convirtiéndome en un diccionario
ambulante de citas”. (Enrique Vila-Matas, El mal de Montano)
Existen diversas
concepciones y discusiones en torno al término de postmodernidad. ¿Qué
característica tiene una época a la que es llamada posmoderna? ¿Cómo es el arte
posmoderno? Quizás no el primero que usó el término, pero sí quien lo consolidó
fue Jean-François Lyotard en su libro llamado, precisamente, La condición Postmoderna; donde definía
lo postmoderno como una incredulidad hacia las metanarrativas. Parece ser
entonces la era final de los grandes relatos, los héroes ya no son
protagonistas, sino más bien personajes fracasados y es abolida la
característica teleológica de la historia. Ya no hay, pues, un interés por
reflejar de alguna manera la realidad y, a veces, tampoco por transformarla. Existen
historias fraccionadas, subjetivas, en la cual no parece pasar mucho sino más
bien importa la concepción de quien observa la realidad, su vida y su estado de
ánimo.
Según Alfonso de Toro
lo postmoderno tiene, entre sus principales características, la fragmentación,
la deconstrucción y la intertextualidad. Fragmentación porque el discurso no
lleva siempre el mismo hilo narrativo, las historias son heterogéneas,
plurales. Por deconstrucción, entendemos lo que nos dejó Derrida, quien en su
teoría —con permiso de un resumen superfluo— planteaba que un texto es un mundo
en sí que no tiene nada que ver con la realidad, porque cada una de sus
palabras fue elegida con una intención y en oposición a otras y además a una
realidad representable. Por último tenemos el término de intertextualidad, que
es básicamente cuando un texto nos hace referencia a otro.
Aunque el calificativo
de postmoderno es frecuentemente usado en términos peyorativos, algunas obras
literarias, por estar escritas y ambientadas en un contexto postmoderno,
cumplen con las características propias de la postmodernidad sin dejar de ser
grandes obras de arte. Estas características antes mencionadas encajan de
manera ajustada a la novela de Enrique Vila-Matas “El mal de Montano”. El
narrador, personaje protagonista, dice estar enfermo de literatura, porque cada
acción que pasa, cada pensamiento, lo lleva a evocar una anécdota de la biografía
de un escritor o algún texto que alguna vez leyó. De esta manera va
construyendo y reconstruyendo su propia historia.
En tal sentido, el
propio narrador hace referencia a la fragmentación antes dicha. A principio del
capítulo II, el narrador expone la idea de reescribir un diario ficticio en
proceso dándole otro sentido: “tuve la idea
de darle un giro a este diario y convertirlo (…) en un breve diccionario que
contara nada más que verdades sobre mi fragmentada vida” (pag.106). Él
expone la idea de una vida fragmentada que debe ser contada, mientras en la
propia historia va contando fracciones de su vida, de su historia, fragmentos
de textos de otro escritores, va hilvanando su discurso con aforismos propios y
de distintos autores. Por ejemplo, más adelante continúa diciendo: “Mi fragmentada vida, he dicho. Y me viene a
la memoria Ricardo Piglia, que dice que mientras un escritor escribe para saber
qué es la literatura, un crítico trabaja en el interior de los textos que lee
para reconstruir su autobiografía” (pag.107). Habla de fragmentación
mientras fragmenta el discurso. A pesar de dicha fragmentación, Vila- Matas
teje un discurso coherente, siempre posicionándose en un lugar en el mundo, con
una visión crítica sobre todo en la literatura la cual a veces pareciera tener
ciertos vestigios de una enfermedad mortal; así el escritor catalán reflexiona
sobre el actual estado de la literatura y de su lugar en este mundo caótico,
como justamente, afirma Carlos Fajardo: “La fragmentación hace que haya una
sensibilidad crítica frente a las estrategias de la exclusión y marginalidad
modernas”.
Por otro lado, el
término deconstrucción también aparece en el mal de Montano en un pasaje
casualmente también relacionado con el escritor Ricardo Piglia, el narrador
sueña, al quedarse dormido dibujando un oasis, encontrarse con alguien que
reconoce como a sí mismo a pesar de parecerse a Piglia, este, o sea él mismo
dice:
—
Debería usted estar ya dibujando las aulas sombrías de ciertas universidades
norteamericanas donde se dedican a deconstruir textos literarios.
—Bueno
—he dicho— las dibujaré cuando termine el oasis. Por cierto, ¿qué significa
deconstruir?
—No,
lo hará ahora mismo.
No se vuelve a tocar el
tema de la deconstrucción, por lo que en la novela no se aclara a que se
refiere; es curioso que plantee la duda sobre tal palabra, cuando bien esta es
un poco compleja de clarificar, como gran parte de la teoría de Derrida. Sin
embargo, podríamos decir que una lectura deconstructiva visualiza al texto como
una realidad en sí, que existe sustancialmente alejada de la vida. Si bien la
literatura podría hablar de —o ayudarnos para— la vida, no es la vida misma, la
vida está en otro lado; al leer, el texto es lo que existe; en el discurso
están todos los detalles que debemos buscar y no fuera de él porque sería
buscar neciamente objetos o fenómenos ausentes. Quizás el narrador nos deje con
la incertidumbre de aclarar el término a propósito, es posible que su intención
sea precisamente obviar el concepto de deconstrucción dejarlo fuera del texto,
en la vida que está fuera de la literatura; “precisamente porque la literatura
nos permite comprender la vida, nos deja fuera de ella”(Pag.302)
Si bien el texto nos
deja fuera de una realidad externa, el escritor catalán nos envuelve en textos
de otros escritores así como de sucesos acontecidos en sus vidas. Durante toda
la novela nos pasea por lo que parece un homenaje a la literatura; en ella
coexiste lo que también podría ser una característica posmoderna: la existencia
de dos caras de una moneda, en este caso la del placer y pesar de la
literatura; incluso llega a plantearse el hecho de encarnar a la literatura
misma y cómo este inverosímil capricho lo angustia.
Por último, el
novelista no sólo pareciera hacer un collage entre la vida y obra de distintos autores, sino que su propia manera de contar
es heterogénea, en el sentido en que no solo usa técnicas de la novela, sino
también del diario personal, la autoficción, el ensayo e incluso la crítica.
Esto, de igual manera, evoca a Lipovestsky
cuando sostiene, refiriéndose a partir del posmodernismo: “De ahora en
adelante el arte integra todo el museo imaginario, legitima la memoria, trata
con igualdad al pasado y al presente, hace cohabitar sin contradicción todos
los estilos”. Siempre partiendo de la observación del narrador, que en primera
persona nos expone sus pensamientos, su vida, sus emociones, su manera de
percibir la realidad, construyéndose una vida no sólo presente sino también
pasada y futura, mezclando los tiempos; nos expone sus inquietudes,
preocupaciones siempre en torno a sus experiencias, sean reales o ficticias, en
torno a un Yo, a cada detalle de la propia vida del narrador, aunque pareciera
contar nimiedades personales o caer en lo anecdótico, debemos entender que es
ficción y que además tiene una intención; construye un Yo que no es él mismo,
es un reflejo en el espejo, otro; como expresa el propio narrador: “Quizá la
literatura sea eso: inventar otra vida que bien pudiera ser la nuestra,
inventar un doble”. Ese doble también podría oponerse —o definir— a un Yo
verdadero, manteniendo así la subjetividad, lo personal, el individuo. En fin,
parafraseando a Umbral: en la postmodernidad está presente, también, cierto
narcisismo.
Víctor Durán Salas
sábado, 9 de julio de 2016
Tono Menor | Música Clásica: Sinestesia: El poder de ver la música
Tono Menor | Música Clásica: Sinestesia: El poder de ver la música: La sinestesia es la capacidad que tiene algunas personas de percibir con varios sentidos un mismo estímulo. Por ejemplo, un sinestési...
domingo, 3 de julio de 2016
La Ballena y su Techo.
En el siglo XX
existieron diferentes grupos literarios en Venezuela, como el grupo Viernes, La alborada, Tabla Redonda, Válvula…
pero ninguno tan irreverente y subversivo como El Techo de la Ballena. Podría decirse que es el movimiento
contracultural por excelencia del país, ya que muchos otros grupos comenzaron
siendo rebeldes y oponiéndose de alguna manera a un sistema opresor, pero luego
al transcurrir los años la dialéctica los pone del lado del conservadurismo,
como resulta el caso de personajes como Uslar Pietri o el mismo Rómulo Gallegos. Ludovico Silva define a la contracultura como
“el modo específico de ser cultural de la sociedad capitalista, y se
caracteriza por su oposición implacable a los valores de cambio en que se basa
esta sociedad”; es decir que mientras los poderosos construyen métodos que los
favorecen, la cultura debería siempre atacarlos. Pero para que no haya
confusiones en torno a cierta “cultura” que resulte alienante, se propone el
término de contracultura. El mismo Ludovico Silva declara a Edgar Allan Poe
como “la primera víctima de la revolución industrial, y el primer representante
genuino de la contracultura”, y cita a Baudelaire en respuesta a quienes
catalogan las letras de Poe como “literatura decadente”: “¡Literatura de
decadencia! Estas son palabras vacías, que con frecuencia oímos salir, con la
resonancia de un enfático bostezo, de la boca de esas esfinges sin enigma que
velan delante de las sagradas puertas de la estética clásica”. Así mismo el
Techo de la Ballena fue calificado de la misma manera que la literatura de Poe
para el momento, sobre todo por las élites artísticas a quienes se oponían
categóricamente. Todas sus palabras y
expresiones responden en contra de la estética burguesa que amenazaba con
cubrir las artes de aquella década de los 60. Su irreverencia no sólo es
política, no solo se declara en contra de la tiranía de Rómulo Betancourt con
claros textos como Duerme usted señor presidente
—por el que fue perseguido su autor, Caupolicán Ovalles—, sino que su
propio lenguaje en sí es subversivo manejando palabras sencillas, vulgares, del
pueblo, sobre todo como “una posibilidad de maldecir” como expresaría Adriano
González León.
Sí,
se ha vociferado mucho, no hay nada nuevo en la voluntad infamatoria, pero
nadie puede negar que muchos, mientras preparan su carrera de funcionarios del
Estado o de la Poesía, tienen taponados los oídos con música aldeana, de
seguridad que nadie les ha donado o de desprecio burgués, que basta con ser
burgués para que anule su posibilidad de competencia. Continuar manejando
palabrotas es, al menos, más saludable que cualquier alimento retórico. (González
León, 1962)
Escogieron la ballena porque, según se cuenta,
mientras discernían sobre sus intenciones artísticas, tenían intenciones de
hacer alguna manifestación en la cual el mar fuera el protagonista; entonces
encontraron en un libro de Borges que los nórdicos denominaban al mar “El techo
de la ballena”. A partir de ahí, el símbolo de la ballena acompañó a cada uno
de los integrantes de este movimiento artístico, dedicándole extensas líneas y
profundizando en su símbolo a través de la historia y la literatura. Edmundo
Aray y Caupolicán Ovalles hacen constantes referencias a Moby Dick y en
especial al capitán Ahab. Edmundo Aray (1968) cataloga a Melville como su
antepasado y escribe: “Yo monto en el
Pequod (…) El viejo Ahab delira. / Es bueno darse a la mar.” Caupolicán
Ovalles dice “Yo, Poeta-Hostias, quinto
descendiente de Achab (…) con una ballena en el pecho, ella pariendo sus hijos
/ y alimentándolos yo / del hambre que tengo, pienso, creo que debo / batallar
/ por conocer verdades / que parecen ocultas.”
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Y es que la ballena es un elemento que está presente
en distintos tipos de literatura desde la antigüedad, en la biblia por ejemplo
con Jonás; pero al contrario de Jonás, el capitán Ahab busca desesperadamente a
la ballena —ser temido por todo navegante, cuentan que tiene sed de sangre
humana— para pelear con ella, para enfrentarse a ella, para vengarse y, según
él, hacer justicia con sus propias manos. Así estos escritores se sentían
heridos por una sociedad denigrante y excluyente buscando la verdad, peleando
por lo justo con sus armas, con sus lanzas, sus plumas, sus pinceles.
La ballena blanca nadaba ante él como encarnación monomaníaca
de todos esos elementos maliciosos que algunos hombres profundos sienten que
les devoran en su interior, hasta que quedan con medio corazón y medio pulmón
para seguir viviendo (Melville,
H. Moby Dick)
Como
antecedentes del movimiento al que hacemos énfasis, tenemos la década del 50. Por
un lado, en el aspecto literario, existe cierta influencia de la Generación Beat
en los Estados Unidos, cuyos escritores impulsarían el descontento con la
sociedad norteamericana, con el establishment y el esnobismo intelectual de
aquellos días; por otra parte la revolución cubana de 1959, como afirmó Gerald
Martin cuando dijo que existe una coincidencia entre un auge y declive de la
Literatura Latinoamericana con el ascenso y caída de las percepciones liberales
de Cuba entre 1959 y 1971. En Venezuela, para aquellas épocas también
transcurrían tiempos convulsos: el 23 de enero en 1958 el dictador Marcos Pérez
Jiménez recibió un golpe de estado, promovido principalmente por la junta
patriótica quien llamó a una huelga y un paro general. La junta patriótica la
impulsó, principalmente, Fabricio Ojeda quien pertenecía al partido Unión
Republicana Democrática, uniéndose el PCV, COPEI y AD. Ese mismo año se estableció lo que se conoce
como El Pacto de Punto Fijo, acuerdo que pretendía repartirse la cochina del
gabinete ejecutivo entre varios partidos, pero excluyendo al PCV, que fue quizá
el partido más activo en el derrocamiento de Pérez Jiménez; iniciando, a partir
de este pacto, innumerables persecuciones a los revolucionarios. En esa época
tenemos dos movimientos importantes en la literatura venezolana como lo son el
grupo Sardio y Apocalipsis; del primero, luego de desintegrarse y separarse alguno
de sus integrantes, nace El Techo de la Ballena.
Los 60 lo recibimos con el movimiento hippie en
estados unidos donde se hacía apología a ciertas libertades como la sexual y el
tema de las drogas. En Venezuela se viven tiempos convulsos. Juan Liscano
explica que:
El crecimiento
demográfico, cada vez más acelerado, produjo el fenómeno llamado de
“infantilismo demográfico” con 47,5% de menores de 15 años (1961). Esa
formidable presión biológica juvenil, unida a los factores inherentes a la
crisis social y psicológica de nuestro tiempo, explcica la aceleración repentina
de nuestra historia y el abismo que de pronto se abrió entre los adultos y los
jóvenes traducido , en el campo político, en la insurgencia armada o en las
manifestaciones violentas de calle, y en lo literario, en un propósito de
ruptura con el estilo estético, con la escritura bella, en aras de imitar el
habla corriente, chata, anodina.(Liscano, J)
Para entonces, tenemos el gobierno de Rómulo
Betancourt, considerado como el primer mandato democrático, sin embargo está de
más decir —o quizás nunca sea repetitivo mencionarlo— que esta supuesta
democracia beneficiaba sólo al lado más pudiente de la sociedad venezolana, reprimiendo
y matando a quienes se oponían a “El padre de la democracia” famosa es su
frase: disparen primero y averigüen después. Esta fue la época del nacimiento
de la fuerza armada de liberación nacional, donde importantes personajes de
todo tipo (artistas, médicos, sociólogos, intelectuales y sensibles ante la
injusticia al fin) tomaron armas y se fueron a la montaña para crear las
guerrillas venezolanas. Cabe destacar importantes escritores como Fabricio
Ojeda, Argenis Rodriguez, Argimiro Gabaldón. A este último, Caupolicán Ovalles
le dedica un poema llamado Con una bala
en el pecho.
Para
taparte las balas / las balas con mi pecho (…) con la gorra del general
Gabaldón para tapar balas / con la espada del general Gabaldón para tapar balas
/ con los CIEN AÑOS del general gabaldón para tapar balas / que entre mi padre
y yo sumamos como ciento cincuenta años de guerra (…) Yo quiero que el sol
alumbre de noche para que vea Argimiro y para la luna que siempre alumbra de
noche yo quiero que alumbre más para Argimiro / insisto porque él necesita esa
luz / Chimiro.
(Ovalles, -fragmento de Con una
bala en el pecho-)
Así nace —y muere a finales de los 60— El techo de
la Ballena, hastiado de tanta represión al pueblo e impunidad para los
poderosos, sus principales manifestaciones como lo son Homenaje a la necrofilia
y homenaje la cursilería son evidentes
reflejos de sus ganas deliberadas de molestar a los burgueses quienes
pretendían raptar el arte con exclusividad para ellos. “Percibimos, a riesgo de
asfixia, cómo los museos, las academias y las instituciones de cultura nos
roban el pobre ozono y nos entregan a cambio un aire enrarecido y putrefacto”
(el Techo de la Ballena, marzo de 1961)
Víctor Durán Salas
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