Organizando lo que pienso y encuentro sobre humanidades y ciencia, sobre la vida.
miércoles, 29 de junio de 2016
La novela erótica que el Papa Pío II escribió en 1444
La novela erótica que el Papa Pío II escribió en 1444: Antes de convertirse en Papa, Eneas Silvio Piccolomini escribió una novela erótica, casi pornográfica, que fue uno de los libros más vendidos del Renacimiento
lunes, 27 de junio de 2016
Anécdotas: Alfonso XII y sus amores
Anécdotas: Alfonso XII y sus amores: El rey Alfonso XII fue un gran aficionado a la ópera y sobre todo a la cantante lírica Elena Armanda Sanz Martínez de Arizala, prima donn...
Plejanov. EL PAPEL DEL INDIVIDUO EN LA HISTORIA
Supongamos, que el fenómeno A debe producirse necesariamente si existe una determinada suma de circunstancias S. Vosotros me habéis demostrado que una parte de esta suma de circunstancias ya existe y que la otra parte se dará en un momento concreto T. Convencido de ello, yo, que simpatizo con el fenómeno A, exclamo: “¡Muy bien!”, y me echo a dormir hasta el feliz día en que se produzca el acontecimiento predicho por vosotros. ¿Cuál será el resultado? El siguiente: según vuestros cálculos, la suma de circunstancias S, necesaria para que se produzca el fenómeno A, incluía también mis actividades, a las que llamaremos a. Pero como yo me eché a dormir, en el momento T la suma de condiciones favorables para que se produzca dicho fenómeno ya no será S, sino S-a, lo que cambia la situación. Puede ocurrir que mi lugar sea ocupado por otro hombre, que también se encontrara próximo a la inactividad, pero a quien mi ejemplo de apatía le ha parecido pernicioso. En este caso, la fuerza a será sustituida por la fuerza b, y si a es igual a b (a=b), la suma de condiciones que favorecen el advenimiento de A quedará igual a S y el fenómeno A se producirá, por lo tanto, en el mismo momento T. Pero si mi fuerza no es igual a cero, si soy un trabajador hábil y capaz, y nadie me ha sustituido, entonces la suma S no será completa y el fenómeno A se producirá más tarde de lo que habíamos calculado, no se producirá totalmente como lo esperábamos o no se producirá en absoluto.
jueves, 16 de junio de 2016
domingo, 5 de junio de 2016
Actualizar la Educación en Venezuela
Ser
educador –o tener una visión apropiada de la educación- en el siglo XXI,
equivale a estar afinados con las teorías del pensamiento que se manejan
actualmente en el mundo y en contextos cercanos o más parecidos al de los
implicados en el proceso de enseñanza y aprendizaje. La sociedad va cambiando
sus características al mismo tiempo que van llegando nuevas vanguardias
artísticas que suplantan a otra que lo fue en su momento, que se van conociendo
nuevas teorías que se oponen a las anteriores, que paradigmas son reemplazados
por otros, que van surgiendo constantemente antítesis y síntesis. Es por eso
que debemos estar atentos con el presente, conocerlo. Es preciso que no se
interprete esto como una postura a favor del desconocimiento de la historia. Al
contrario: se debe conocer el pasado para una mejor comprensión del presente,
para no cometer los mismos errores; además que muchos aspectos que nos
interesan de la educación -como la tradición, la identidad, los valores, etc.-
son con base en una visión de lo que ha quedado atrás.
El
modelo de sistema educativo, tal cual lo conocemos y nos fue impartido, se creó
en Prusia a comienzos del siglo XIX, cuyo objetivo era que el Estado, según
palabras de Fichte en su Discurso a la nación alemana, “debía moldear a cada
persona, y moldearla de tal manera que simplemente no pueda querer otra cosa
distinta a la que el Estado desee que quiera”. Dicho sistema representa una educación
conductista en la cual el educando debe ser “disciplinado”. De ahí proviene el
acto de que todos deban uniformarse, ser evaluados cuantitativamente tanto en
conducta como en rendimiento académico, el estudiante debe ser dócil, sumiso
sin embargo valiente si se trata de defender al Estado; cabe destacar también
la infraestructura de las instituciones educativas, a la cual hace referencia
Foucault en su libro Vigilar y Castigar donde nos esclarece que las
instituciones más importantes de las ciudades (hospitales, psiquiátricos,
Universidades, escuelas, cárceles) están construidas de manera en que todas las
personas que estén dentro de ella se encuentren encerradas y vigiladas. En tal
sentido, Carlos Calvo Muñoz, en su libro Del mapa escolar al territorio
educativo, establece una analogía entre la escuela y el cuento Del rigor de la
ciencia de Jorge Luis Borges, donde un cartógrafo se dedica a hacer un mapa de
cierto lugar y se entusiasma de hacerlo lo más perfecto posible, hasta que al
final el mapa termina reemplazando al territorio. De igual modo la escuela se
ha encerrado en sí misma y enseña verdades que solo están en "el
mapa" y no en el territorio, concluiría Calvo Muñoz.
Bastante
se ha estudiado la importancia del ambiente en el aprendizaje y de la correlación
entre la escuela y la sociedad, una forja a la otra, se complementan, se
modifican entre sí. El contexto y la educación del individuo tienen una
estrecha y recíproca relación. Por un lado el contexto puede determinar la
conducta o la personalidad del individuo, por otro lado los individuos pueden
modificar las situaciones que suceden a su alrededor. Antes que Vigotzky dijera
que somos seres sociales, que nuestro contexto influye en nosotros, Simón
Rodríguez expresaba sus ideas acerca del aprendizaje mediante el contacto con
la realidad. Así mismo, John Dewey explicaba la valoración del aprendizaje por
medio de la experiencia con el medio ambiente; según él, el conocimiento eficaz
venía dado por las experiencias personales que experimentaba el educando
partiendo de los principios de continuidad e interacción. La continuidad tendría
que ver con las constantes experiencias, de este modo las nuevas van
integrándose a las anteriores sucesivamente; interacción sería la relación que
existe cuando se enfrenta lo aprendido con las vivencias del ambiente, ya que
estas nuevas experiencias que van sucediendo pueden confrontarse con lo que ya
se ha aprendido o por lo contrario podría complementarse, según la internalización
de cada persona.
Todas las teorías educativas actuales en el
mundo –o al menos latinoamericanas, que son las que más nos interesan- plantean
un rechazo a la educación que se viene impartiendo desde hace muchos años, la
cual resulta desfasada y ajena al contexto en el que nos encontramos. La
educación que se ha impartido en nuestro continente y específicamente en nuestro
país, ha estado plagada de idealismos o positivismos que provienen de un
entorno de hace más de cien años. Los estudiantes no son una idea sin cuerpos,
ni sensaciones, tampoco son hechos ni números. No son 38 adolescentes metidos
en un salón, no se dividen en hembras y varones, no son una nota andante, un 18
no compite contra un 08; son individuos sui generis, con experiencias y personalidades
distintas, es un Juan, un Pedro, una María, una Sofía… cada uno con problemas,
virtudes y potencialidades.
Lo
anterior es aplicable al menos a toda la educación occidental, sin embargo a
los americanos nos atañe especialmente otro tema: el eurocentrismo de nuestra
educación. Si bien al estudiar filosofía tenemos que basarnos necesariamente en
europa y las categorías que sus filósofos han expuesto, existen acontecimientos
de suma importancia que no podemos ignorar en la Historia Universal. Todas las
divisiones que se hacen de la historia universal que nos imparten responden a
acontecimientos netamente europeos. Por ejemplo la manera en la que nos enseñan
los estadios de la historia: la edad antigua concluye cuando cae el imperio
romano, para luego dar paso a la edad media en el siglo XV, cuyo año exacto de
conclusión es impreciso (algunos lo sitúan en el año en que llegaron los
colonizadores europeos a América, otros con la “invención” de la imprenta por
parte de Gutenberg o con la caída del imperio bizantino) pero siempre marcando
puntos históricos de Europa; esta edad de la historia es remplazada por la contemporánea
con la revolución industrial o la revolución francesa en el siglo XVIII. Estos
hechos son categóricamente rebatidos por autores como Enrique Dussell y Anibal
Quijano. Siguiendo con los argumentos de ejemplificación, y volviendo a algunos
hechos que ya hemos mencionado, en la que los europeos se empeñan en ser
protagonistas de hitos que tienen fundamentos en otros continentes, tenemos: en
muchas escuelas de Latinoamérica siguen repitiendo que en 1492 es el
“descubrimiento” de América, como si a partir de ese momento comenzara la
historia de este continente, hablando someramente de lo que pasaba en él antes
de Colón; también se habla mucho de la imprenta de Gutenberg como un gran
suceso que conllevó grandes cambios en la sociedad, sin enseñarnos que
aproximadamente 400 años antes, los chinos ya habían inventado la imprenta; así
como también cuenta Dussell citando a Hobson que la revolución industrial de
los ingleses tiene fuerte inspiración china. Entonces, denominamos Historia
Universal a una serie de sucesos netamente occidentales, ignorando por completo
los acontecimientos de otras culturas.
Siendo más específicos, tenemos
la problemática educativa en nuestro país, que nos viene generando
preocupaciones desde hace algunas décadas, incluso siglos; Simón Rodríguez en
1794 expresaba, en sus reflexiones tituladas Estado Actual de la Escuela, que la
educación, olvidado su mérito,“ha sufrido el mayor abandono con notorio
agravio”. Según cuenta José Luis Cordeiro en Benesuela vs. Venezuela (1998),
Angel Rosenbladt calificaría a nuestro bachillerato en 1958 como un “alarmante
fracaso” luego de revisar los resultados de la prueba de admisión para la
facultad de medicina de la Universidad Central de Venezuela, alegando que de
474 pruebas, sólo 92 podían considerarse admisibles, la gran mayoría no era
capaz de escribir correctamente una oración, cometieron pésimos errores
ortográficos, fallaban en preguntas simples de cultura general o incluso no
sabían responder con reflexión o sentido común. Más adelante, en 1995, Antonio
Luis Cárdenas, ministro de educación para entonces, se referiría a nuestra
educación como el gran Fraude. José Luis Cordeiro (1998) afirmaba que
“Venezuela está enfrentando la crisis más grave de toda su historia
republicana. (…) La crisis de Venezuela de finales del siglo XX e inicios del
siglo XXI es una crisis educativa. El mismo escritor denunciaba que para la
fecha (1998) existían más de 2 millones de menores de 17 años fuera del sistema
escolar, a pesar que desde 1870 se decreta nuestra educación “gratuita y
obligatoria”.
Frente a estas
problemáticas se han presentado y se siguen presentando teorías que intentan solucionar
los vicios que corrompen el contexto educativo. Algunas se han visto truncadas
por sucesos políticos como la Ley Orgánica de Educación de 1948, que no puedo
llegar a ser aplicada ya que un golpe de estado derrumbó al presidente Rómulo
Gallegos, aunque luego ciertas bases de esta ley fueron tomadas en 1961 e
incluso se siguen tomando en cuenta en la actualidad, aunque a veces tenemos la
sensación de que hace falta más. Su autor, Luis Beltrán Prieto Figueroa
escribía que uno de sus objetivos era “Formar al hombre en la plenitud de sus atributos físicos y morales,
ubicado perfectamente en su medio y en su tiempo como factor positivo del
trabajo de la comunidad”. Las ideas de Prieto Figueroa se vinculan con las
distintas teorías pedagógicas que se manejan actualmente. Freire también nos
expresa que la educación tiene mucho que ver con estar actualizados con la
realidad y hace énfasis en el trabajo comunitario. El aprendizaje, según este
pedagogo brasileño, tiene mucho que ver con la actualización del pensamiento
ligado al entorno y que los objetivos deben cumplirse no en función del
individuo competitivo, sino en el esfuerzo y beneficios grupales.
Se podría decir
que las teorías pedagógicas en la actualidad tienen varios lineamientos, entre
los que se encuentran la reflexión, la creación, la libertad, la crítica, la
pregunta. Parafraseando a Freire el estudiante no es un ente al que se le
deposita el conocimiento, el educando es un ser que debe ser estimulado a la
reflexión a través del diálogo y como
también dijo Simón Rodríguez hay que enseñar a los niños a ser preguntones. Así mismo, deben ser
críticos y que tanto educador como educando sean capaces de colaborar para la transformación
de la sociedad, trabajando en conjunto pero eso sí respetando las
individualidades de cada quien, dando pie para el desarrollo personal. Por otro
lado también los estudiantes deben aprender con todo el cerebro estimulando
tanto su parte lógica como su parte artística y dándole igual importancia a sus
emociones. Hoy más que nunca debemos "inventar o errar.
Durán Salas Víctor
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