miércoles, 24 de agosto de 2016

lunes, 15 de agosto de 2016

Jorge Enrique Adoum PASADOLOGÍA

A contrapelo a contramano
contra la corriente
a contralluvia
a contracorazón y contraolvido
a contragolpe de lo sido
sobreviviendo a contracónyuge
a contradestino y contra los gobiernos
que son todo lo absurdo del destino
a contralucidez y contralógica
a contrageografía (por que era
contra pasaportes dictadores continentes
y contra la costumbre
que es peor que nuestros dictadores)
contra tú y tus tengo miedo
contra yo y mi certeza al revés
contra nosotros mismos
o sea contratodo

y todo para qué



Jorge Enrique Adoum

viernes, 12 de agosto de 2016

ENTIDAD VITAL: LA POESÍA DE WAFI SALIH







 “Un poema es una entidad vital mucho más orgánica que un  ser orgánico en la naturaleza. A un animal se le amputa un miembro y sigue viviendo. A un vegetal se le corta una rama y sigue viviendo. Pero si a un poema se le amputa un verso, una palabra, una letra, un signo ortográfico, muere”
Cesar Vallejo

  Lo anhelado podría causar una angustia precipitosa, una desesperación vacía que pudiera devenir en torpeza, pero el logos no admitirá tropiezos en relación con la poesía; en ella no debería sobrar, ni faltar, ni una sola palabra. “Sobre el poema/ una mancha de tinta/ ahora es perfecto”.1 En la concisión se encuentra el sentimiento requerido; sin mencionar, para no caer en obviedades, la estrecha relación entre proporción y belleza (incluso hay quienes considerarían -como  Pitágoras2, Aristóteles3 o León Battista Albertti4- que son la misma cosa).
Aunque el objetivo sea el estímulo y Poe manifieste que “todas las excitaciones intensas son de poca duración”, dicha concisión, en poesía, no se trata únicamente sobre longitud —existen poemas cuya vasta extensión es necesaria— sino en la sobriedad de las imágenes. De esta manera, Wafi Salih (quien además es una de las principales cultivadoras, en Venezuela, del Haikú y el tanka5) logra el sabor a una nostalgia estoica evocada a través de un austero poema; no se le escapa nada del papel, como si mojara la pluma con la cantidad exacta de tinta de manera que con un solo plumazo deja todo dicho.

De origen Libanés, nacida en Valera y radicada en Barquisimeto, Wafí Salih no olvida sus raíces ni se aleja de la realidad. Luis Alberto Crespo en el prólogo de Con el Índice de una Lágrima dice respecto al libro que “es un testimonio amoroso por la patria de sus padres que es la misma suya en ese sentimiento (…) una denuncia y el doloroso reclamo lleno de sentido de la poesía frente a la cruel irracionalidad de nuestro tiempo y del combate de los pueblos frente a la opresión”. Wafi nos hace referencia también a ambientes sangrientos, al dolor de un pueblo, a abrazos entre escombros, a ruidos bélicos; en su sangre lleva las huellas mnémicas de quien muere por culpa de una bomba que cayó cerca mientras guindaba la ropa en el tendedero: Fuego /desgranado /deletrea /el Líbano /devuelto /en la sangre /de Dios /En las raíces /entre muros /de tierra /dolorida /En inaudible /abrazo/ Masacrado.6 Asimismo, Eva Guerrero, profesora de la Universidad de Salamanca, opina sobre otro de los libros de Salih, El Dios de las Dunas, que “hay elementos claves de la historia del Líbano, de sus desgarros, vividos en buena parte en la distancia, pero que estremecen al ser pronunciados”; de la misma manera que lo hiciera el profesor de la Universidad de Costa Rica, Ricardo Marín Guzmán, sobre la obra de Al Jahiz, en su trabajo titulado La Literatura Árabe como fuente para la historia social: el caso del ‘Kitab Al-bukhala’ de Al-Jahiz. En dicho trabajo Marín Guzmán expone que la prosa de Al-Jahiz —y gran parte de la literatura árabe, en general— expone pasajes del pensamiento islámico y la historia de sus pueblos.
Igualmente, nuestra mencionada poetisa, en sus versos,  hace alusión al contexto musulmán; por ejemplo, nos invoca, en un perfume, al jeque musulmán (titulando el poema): Afandi; pero además, su prosa nos realza su posición mujeril en el cosmos. Su libro de ensayo, Las imágenes de la ausente, es un discurso con sutil retórica para la comprensión de la situación de las mujeres en la historia y un grito con puño apretado en fe de la reivindicación femenina; destaquemos lo que dice sobre él, en su prólogo, Magaly Acosta Oviedo: “La voz de Wafi Salih es una invitación a asomarse a nuevas formas de subjetividad para referirse al sujeto femenino. Una relectura acerca de los estudios de género, planteado desde lo sociológico y filosófico, pero también desde lo poético y lo mítico en y a través de la escritura de y sobre mujeres”.

Salih posee la precisión de una Haijin, una femineidad del cercano oriente cual Joumana Haddad y, a la vez, un compromiso con la realidad venezolana. En ella, coexisten la luna (el cuarto creciente, el calendario lunar) y un almanaque soleado. Ella ejerce principalmente el Haiku (además de la docencia; ha escrito otros tipos de poemas, ensayos y ha incursionado en la dramaturgia) como en su libro Vigilia de huesos, donde nos expone, en sus poemas de 17 sílabas, una imagen en presente indicativo digna de admirar: Florecen / sobre una bosta de vaca / dos azucenas. Como haijin venezolana no nos habla de estaciones ya que sus días son sólo nublados o soleados.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, escritores japoneses, entre ellos Ippekiro Nakatsuka, buscaban romper con la “rigidez” tradicional del Haiku, rompiendo con la clásica métrica (tres versos: el primero y el último de 5 sílabas y el del medio de 7 sílabas) y con la tradición de palabras anticuadas que, por lo general, se referían a estaciones del año; estos poetas acuñaron el término de muki a los haiku que no hacían referencias a estaciones. Salih mantiene la métrica tradicional del Haiku (17 sílabas divididas en 3 versos), con la característica del muki al no hablar de estaciones del año; aunque sí existe el destello de un momento, un mundo comprimido (al cual, según Wafi, no deberíamos pasar por alto) que pasa por un prisma único que sólo ella posee; lo cual nos recuerda, precisamente, lo que disertaba Octavio Paz sobre el haiku: “A pesar de su aparente simplicidad, el haikú es un organismo poético muy complejo. Su misma brevedad obliga al poeta a significar mucho diciendo lo mínimo”. Escriben algo / las patas de esta mosca / llenas de tinta6. Al hablar de la brevedad, de instantes, del presente indicativo, nos referimos a un tiempo subjetivo que no se cuantifica, sino que es esa duración cualitativa de la que hablaba Bergson, durée que se trata de estímulos metafísicos, nada que ver con el espacio numérico; más bien nos recuerda lo que escribiría Borges sobre un lugar imaginario (Tlön, en su célebre cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, el cual nos hace referencia, por cierto, al oriente islámico y a la filosofía de Averroes)  donde una de sus escuelas niega el tiempo: “razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente”.
La lírica de nuestra poetisa ha encontrado su ritmo, nos muestra el desarraigo de una tierra lejana, una nostalgia andina, un rojizo atardecer y al mismo tiempo nos expone esencias y les da la vuelta, como una luz que nos impresiona en la oscuridad de un enigmático espacio; Sartre7 decía que el poeta, a través de las palabras, construye una nueva realidad, un nuevo mundo, más allá de la mímesis que podría lograr, por ejemplo, un narrador. Un mundo lleno de imágenes, sensaciones, sentimientos… sugeridos no solo a través de las palabras sino también de la sonoridad, del ritmo; sin embargo dicho mundo es incierto, jamás hay escenas explícitas, es un reflejo, un oasis, una ilusión que nos confunde, como diría Barthes sobre la función del escritor: “construye un mundo significante pero finalmente nunca significado”.
Wafi se detiene para reflexionar con poder creador, como si el mundo siguiera y ella, congelada, lo observa: “Estoy cansada/ el río ha dejado/ suelta la luna8; su poesía es la contemplación de los detalles, de los instantes irrepetibles. El río es su pluma que fluye yéndose a paisajes ilusorios a los que nos cuesta adaptarnos, podríamos decir que sus poemas son “Formas/ sencillas/ de universo/ breve/ A ciegas/ en la tierra/ Descubierta”9

Víctor Durán Salas





NOTAS
1.   Salih, W.  2010. Vigilia de Huesos. Barquisimeto-Venezuela: Ediciones Parada Creativa, p.53
2.   Pitágoras fundamentó una visión matemática-estética de las artes y el cosmo.
3.   En La Poética, Aristóteles (384 a. C. – 322 a. C.) nos define a la belleza no sólo relacionada con lo bueno sino con la simetría y el orden.
4.   León Battista Alberti (1404-1472) también definiría la belleza como la armonía entre todas las partes conectadas y ajustadas entre sí y en proporción tal que cualquier modificación sería empeorarla.
5.   Tanka: pese a que originalmente tenía ciertas características métricas, simplemente significa poesía breve
6.      Salih, Wafi. 2013. Con el Índice de una Lágrima. San Felipe- Estado Yaracuy, Venezuela: Rótulo Ediciones, p.15
7.   Salih, Vigilia de Huesos
8.      Salih, op. cit., pág..54
9.   Sartre,J. ¿Qué es Literatura? Traducido por Víctor Manuel Valdés Rodda. Caracas-Vnezuela:Fundación Eitorial El Perro y La Rana,2012
10. Salih, Wafi. 2002. Pájaro de Raíces. Barquisimeto – Venezuela: Ediciones Dirección de Cultura UCLA, p.20


miércoles, 3 de agosto de 2016

Literatura: Contemplación y Creación.



Provengo de una larga línea de miradores para afuera. Esta curiosa costumbre, heredada de lejanos ancestros, consiste en posicionarse, dentro de un lugar (casa, centro comercial, oficina, automóvil, etc.), frente a una puerta o ventana, de manera tal que uno pueda mirar hacia lo que está en el exterior (calle, cielo, campo o lo que sea). Mi abuelo pasaba las tardes sentado en el porche mirando a quien pasara como si los transeúntes modelaran para él. Mi padre suele quedarse ensimismado, dentro de un carro, mirando a través de la ventana como detallándola; menos mal que no maneja. Recuerdo a mi tío y su afición por los balcones acompañado de cigarrillos. Entonces, ahora, es que me doy cuenta que contemplar una obra de arte es quedarse mirando hacia afuera.
El Espejo (1975) . Andrei Tarkovsky.
Además de contemplar hacia afuera, solemos también, bien sea como acto egoísta o masoquista, tornar la mirada hacia nosotros mismos en busca de auto-aceptación y adaptación; basta, por ejemplo, con que algún amigo nos cuente algún suceso que le haya ocurrido, para nosotros buscar desesperadamente un cuento análogo para hacernos protagonistas tanto de la situación como de alguna interesante, según nosotros como emisores, anécdota. Nos comparamos con historias que leemos o que nos cuentan, para así evaluar nuestro comportamiento ante las situaciones; algunos dicen que a partir de esta comparación, y de nuestros delirios de superioridad, nace la risa. Una carcajada podría aparecer al observar una situación la cual nos hiciera sentir afortunados de que no nos haya ocurrido a nosotros. Es por eso que la risa fue condenada por muchos como un acto corrupto de parte del ser humano; como Platón quien la consideraba un exceso y todos los excesos, según él, deben ser limitados por la razón. Sin embargo no toda risa es desviación, ni mucho menos una acción vil; según David De los Reyes en Del Humor Y La Risa en La Filosofía Griega Antigua, en griego existen dos palabras que hacen referencia a la risa: γελάω y καταγελάω; mientras la primera se usa para nombrar una risa resplandeciente, la otra denota una risa burlona. La risa es la manifestación física de la alegría; además, debemos valorar todo el ingenio que hay detrás de un buen chiste, no de los comentarios injuriosos que hacen los necios cada vez que encuentran una oportunidad de hacer inferiores a los demás.
Un chiste es un estímulo, la risa es el producto de un cambio repentino de estado de calma a uno de excitación, lo que en jerga psicológica llamarían aurosal. Todo estímulo, de acuerdo con Berlyne, tiene “propiedades colativas”, como la novedad (o la sorpresa, por eso no nos causa tanta gracia un chiste que ya hemos escuchado varias veces como cuando lo escuchamos por vez primera) y la complejidad (que tendría que ver, en este caso, con la creatividad que posea el creador del chiste). Kris relacionaría la creatividad con un estado de regresión del Yo, hecho que sucede también cuando estamos dormidos o intoxicados, por ende podríamos decir que imaginar es como soñar y/o drogarse. Entonces a partir de lo anterior deviene el impulso por escribir (y por hacer cualquier tipo de arte) y lo hedónico de leer (y contemplar). ¿Qué más lúdico que crear imágenes? ¿Cuánta regresión al narcisismo hay en inventar nuevas realidades? El escritor hace chistes porque la realidad lo decepciona, es un ser inconforme que prefiere ser niño, el escritor se ríe para no llorar, como Demócrito riéndose de la estupidez de los hombres. Detrás de las tragedias puede estar escondido un chiste o al contrario: detrás de lo hilarante puede existir sucesos funestos. John Kennedy Toole se suicidó tras no conseguir que publicaran su novela “La Conjura de Los Necios”, considerada entre de las obras más divertidas de la literatura anglosajona.
Me río de los demás y me río de mí, analizo a los demás y me analizo, me quejo de los demás y me quejo de mí. No necesito que ningún psicólogo  teorice sobre mi personalidad, yo me conozco, yo mismo me juzgo y me soy honesto; como escribiría Argenis Rodriguez: “Por lo que a mí toca, no me he creído ni mejor ni peor que nadie y no le he pedido excusas a Dios ni espero que me juzgue. Ya yo me he juzgado bastante y he dejado una mala impresión de mi persona”. Yo mismo podría confesarle a Kretschmer que tengo una personalidad esquizotímica: me paso constantemente de la acera de la frialdad a la de la sensibilidad y viceversa; aunque todo me afecte, suelo encerrarme dentro de mí en un estado de aparente indiferencia.
Todo escritor debe ser sincero consigo mismo, confesar sus peores defectos, reconocerse cuando se ve lleno de mierda. Grandes obras han salido de una descarga de sinceridad, algunos disfrazando la autobiografía con algo de ficción. A fin de cuentas el estilo puede transformar cualquier anécdota ordinaria en una buena historia; nadie negaría el carácter estético que existe en biografías, cartas, diarios, etc.
Luego de cargarte con estímulos estéticos es bueno salir a caminar, dar un paseo por tu ciudad, encontrarte con amigos, distraerte para aliviar el pesado impacto de la belleza y la lucidez. En mi ciudad, en el centro de ella, está el museo y cerca existe una taguara donde se puede tomar cervezas baratas y conversar con compañeros con inquietudes similares a las tuyas. Cuando mi preferencia es estar solo doy largas caminatas y miro a las personas, sobre todo a las mujeres que van saliendo del trabajo, se dirigen al gimnasio, o a una cita, y ellas, a veces, me miran y me encuentran pensando. De vez en cuando mi mente se va detrás de sus culos y las acompaña a sus casas, las miro desnudas y solitarias, o me quedo afuera mirando cómo el esposo las golpea, u observo detrás de un muro cómo conversa y se ríe con amigos, o me siento en la mesa junto al marido y los hijos.
La mirada del contemplador convierte la ciudad y sus habitantes en protagonistas; su visión, por más subjetiva y limitada que sea, basta para admirar la ciudad desde algún punto de vista, bien sea este adecuado, o distinto e incompatible, al tuyo. O incluso aunque no conozcamos la ciudad podríamos disfrutar de una descripción de ella de parte de alguien quien la haya mirado. Si bien es cierto que no hay texto sin contexto, no podemos olvidar el carácter formal de una buena narración, es decir, no es estrictamente necesario conocer sobre la sociedad o historia de Dublín para disfrutar una lectura de Joyce—uno de los escritores que escribe en gran medida sobre su ciudad— que retrate, desde su perspectiva, tal lugar. Incluso habrá algunos quienes escribieron sobre alguna ciudad imaginaria o una que nunca conocieron. Ahora bien si queremos ahondar en el análisis y el significado “completo” de la obra, por supuesto que no estaría de más profundizar en el estudio de alguna realidad que rodee a la obra.
 Como contemplador sé dónde estoy parado, observo el cielo rojo de mi ciudad, el viejo poeta del barrio, la señora trabajadora; también miro al tipo en la calle oscura y solitaria, agachado, acercándole un yesquero a una lata pegada a su boca; veo a familias viviendo en ranchos diminutos de zinc. Imágenes grotescas que forman parte de la realidad. Hay muchos quienes se jactan de ser objetivos y sus miradas esquivan la realidad. Es por eso que Luckas decía que la filosofía burguesa estaba (o está) llena de fetiches, los capitalistas tratan a las personas como objetos, banalizan la realidad, sus pensamientos se quedan en la superficie de esta, generando una contradicción; “esta contradicción es la que explica el hecho de que ciertos pensadores, que son sin embargo pensadores de buena fe, nos den una representación completamente falseada de la realidad social,  simplemente porque se limita a examinar esta superficie directamente perceptible.”(Luckas, G. La Crisis de la Filosofía Burguesa)

Cuando observo, pienso y mi pensamiento se traslada a distintos espacios, y a su vez, a distintos tiempos. Mi cuerpo ocupa un espacio real y es visto por los caminantes a mi alrededor, pero evocando puedo viajar a tiempos pretéritos; puedo irme a la infancia y correr tras una pelota, a veces puedo percibir olores guardados en mi memoria; las personas me observan detenidamente, cuando los ignoro, me ven pasar pero yo a veces no estoy ahí en ese cuerpo que va caminando, estoy en un café de una ciudad, me traslado a un bar en otra en un instante incoherente, un carro me toca corneta y frena delante de mí, sigo viajando y de repente me encuentro en el lugar de destino. En mis paseos se fusionan tres tiempos: lo que tengo que hacer, el efímero presente que camina por las calles y mis recuerdos. Me desplazo hacia adelante con paso firme, puedo retroceder si es necesario, puedo girar a la izquierda o a la derecha según me convenga; subo escaleras, bajo en ascensor y el tiempo siempre me persigue.
Si eres buen contemplador, al llegar a cualquier casa tu mirada se pasea al rededor en busca de objetos que te interesen; por ejemplo libros, en caso de haberlos, los tocas, los hueles, los abres, lees algunas líneas... por lo general todo lector es un comprador y admirador compulsivo de libros y no todos los libros los lee, a veces tiene montañas de libros que nunca leerá; como también podríamos pasar 3 horas en una librería solo observando y salir con las manos vacías.
Luego de dar unas vueltas vuelves a casa y es el final del paseo, esperas el final de tu día, el final de la noche, el final de la vigilia, el final de la conciencia, el final de la percepción, el final de un texto que quizás nadie ha escrito.
Víctor Durán Salas