Supongamos, que el fenómeno A debe producirse necesariamente si existe una determinada suma de circunstancias S. Vosotros me habéis demostrado que una parte de esta suma de circunstancias ya existe y que la otra parte se dará en un momento concreto T. Convencido de ello, yo, que simpatizo con el fenómeno A, exclamo: “¡Muy bien!”, y me echo a dormir hasta el feliz día en que se produzca el acontecimiento predicho por vosotros. ¿Cuál será el resultado? El siguiente: según vuestros cálculos, la suma de circunstancias S, necesaria para que se produzca el fenómeno A, incluía también mis actividades, a las que llamaremos a. Pero como yo me eché a dormir, en el momento T la suma de condiciones favorables para que se produzca dicho fenómeno ya no será S, sino S-a, lo que cambia la situación. Puede ocurrir que mi lugar sea ocupado por otro hombre, que también se encontrara próximo a la inactividad, pero a quien mi ejemplo de apatía le ha parecido pernicioso. En este caso, la fuerza a será sustituida por la fuerza b, y si a es igual a b (a=b), la suma de condiciones que favorecen el advenimiento de A quedará igual a S y el fenómeno A se producirá, por lo tanto, en el mismo momento T. Pero si mi fuerza no es igual a cero, si soy un trabajador hábil y capaz, y nadie me ha sustituido, entonces la suma S no será completa y el fenómeno A se producirá más tarde de lo que habíamos calculado, no se producirá totalmente como lo esperábamos o no se producirá en absoluto.
Organizando lo que pienso y encuentro sobre humanidades y ciencia, sobre la vida.
lunes, 27 de junio de 2016
Plejanov. EL PAPEL DEL INDIVIDUO EN LA HISTORIA
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