En el siglo XX
existieron diferentes grupos literarios en Venezuela, como el grupo Viernes, La alborada, Tabla Redonda, Válvula…
pero ninguno tan irreverente y subversivo como El Techo de la Ballena. Podría decirse que es el movimiento
contracultural por excelencia del país, ya que muchos otros grupos comenzaron
siendo rebeldes y oponiéndose de alguna manera a un sistema opresor, pero luego
al transcurrir los años la dialéctica los pone del lado del conservadurismo,
como resulta el caso de personajes como Uslar Pietri o el mismo Rómulo Gallegos. Ludovico Silva define a la contracultura como
“el modo específico de ser cultural de la sociedad capitalista, y se
caracteriza por su oposición implacable a los valores de cambio en que se basa
esta sociedad”; es decir que mientras los poderosos construyen métodos que los
favorecen, la cultura debería siempre atacarlos. Pero para que no haya
confusiones en torno a cierta “cultura” que resulte alienante, se propone el
término de contracultura. El mismo Ludovico Silva declara a Edgar Allan Poe
como “la primera víctima de la revolución industrial, y el primer representante
genuino de la contracultura”, y cita a Baudelaire en respuesta a quienes
catalogan las letras de Poe como “literatura decadente”: “¡Literatura de
decadencia! Estas son palabras vacías, que con frecuencia oímos salir, con la
resonancia de un enfático bostezo, de la boca de esas esfinges sin enigma que
velan delante de las sagradas puertas de la estética clásica”. Así mismo el
Techo de la Ballena fue calificado de la misma manera que la literatura de Poe
para el momento, sobre todo por las élites artísticas a quienes se oponían
categóricamente. Todas sus palabras y
expresiones responden en contra de la estética burguesa que amenazaba con
cubrir las artes de aquella década de los 60. Su irreverencia no sólo es
política, no solo se declara en contra de la tiranía de Rómulo Betancourt con
claros textos como Duerme usted señor presidente
—por el que fue perseguido su autor, Caupolicán Ovalles—, sino que su
propio lenguaje en sí es subversivo manejando palabras sencillas, vulgares, del
pueblo, sobre todo como “una posibilidad de maldecir” como expresaría Adriano
González León.
Sí,
se ha vociferado mucho, no hay nada nuevo en la voluntad infamatoria, pero
nadie puede negar que muchos, mientras preparan su carrera de funcionarios del
Estado o de la Poesía, tienen taponados los oídos con música aldeana, de
seguridad que nadie les ha donado o de desprecio burgués, que basta con ser
burgués para que anule su posibilidad de competencia. Continuar manejando
palabrotas es, al menos, más saludable que cualquier alimento retórico. (González
León, 1962)
Escogieron la ballena porque, según se cuenta,
mientras discernían sobre sus intenciones artísticas, tenían intenciones de
hacer alguna manifestación en la cual el mar fuera el protagonista; entonces
encontraron en un libro de Borges que los nórdicos denominaban al mar “El techo
de la ballena”. A partir de ahí, el símbolo de la ballena acompañó a cada uno
de los integrantes de este movimiento artístico, dedicándole extensas líneas y
profundizando en su símbolo a través de la historia y la literatura. Edmundo
Aray y Caupolicán Ovalles hacen constantes referencias a Moby Dick y en
especial al capitán Ahab. Edmundo Aray (1968) cataloga a Melville como su
antepasado y escribe: “Yo monto en el
Pequod (…) El viejo Ahab delira. / Es bueno darse a la mar.” Caupolicán
Ovalles dice “Yo, Poeta-Hostias, quinto
descendiente de Achab (…) con una ballena en el pecho, ella pariendo sus hijos
/ y alimentándolos yo / del hambre que tengo, pienso, creo que debo / batallar
/ por conocer verdades / que parecen ocultas.”
![]() |
Y es que la ballena es un elemento que está presente
en distintos tipos de literatura desde la antigüedad, en la biblia por ejemplo
con Jonás; pero al contrario de Jonás, el capitán Ahab busca desesperadamente a
la ballena —ser temido por todo navegante, cuentan que tiene sed de sangre
humana— para pelear con ella, para enfrentarse a ella, para vengarse y, según
él, hacer justicia con sus propias manos. Así estos escritores se sentían
heridos por una sociedad denigrante y excluyente buscando la verdad, peleando
por lo justo con sus armas, con sus lanzas, sus plumas, sus pinceles.
La ballena blanca nadaba ante él como encarnación monomaníaca
de todos esos elementos maliciosos que algunos hombres profundos sienten que
les devoran en su interior, hasta que quedan con medio corazón y medio pulmón
para seguir viviendo (Melville,
H. Moby Dick)
Como
antecedentes del movimiento al que hacemos énfasis, tenemos la década del 50. Por
un lado, en el aspecto literario, existe cierta influencia de la Generación Beat
en los Estados Unidos, cuyos escritores impulsarían el descontento con la
sociedad norteamericana, con el establishment y el esnobismo intelectual de
aquellos días; por otra parte la revolución cubana de 1959, como afirmó Gerald
Martin cuando dijo que existe una coincidencia entre un auge y declive de la
Literatura Latinoamericana con el ascenso y caída de las percepciones liberales
de Cuba entre 1959 y 1971. En Venezuela, para aquellas épocas también
transcurrían tiempos convulsos: el 23 de enero en 1958 el dictador Marcos Pérez
Jiménez recibió un golpe de estado, promovido principalmente por la junta
patriótica quien llamó a una huelga y un paro general. La junta patriótica la
impulsó, principalmente, Fabricio Ojeda quien pertenecía al partido Unión
Republicana Democrática, uniéndose el PCV, COPEI y AD. Ese mismo año se estableció lo que se conoce
como El Pacto de Punto Fijo, acuerdo que pretendía repartirse la cochina del
gabinete ejecutivo entre varios partidos, pero excluyendo al PCV, que fue quizá
el partido más activo en el derrocamiento de Pérez Jiménez; iniciando, a partir
de este pacto, innumerables persecuciones a los revolucionarios. En esa época
tenemos dos movimientos importantes en la literatura venezolana como lo son el
grupo Sardio y Apocalipsis; del primero, luego de desintegrarse y separarse alguno
de sus integrantes, nace El Techo de la Ballena.
Los 60 lo recibimos con el movimiento hippie en
estados unidos donde se hacía apología a ciertas libertades como la sexual y el
tema de las drogas. En Venezuela se viven tiempos convulsos. Juan Liscano
explica que:
El crecimiento
demográfico, cada vez más acelerado, produjo el fenómeno llamado de
“infantilismo demográfico” con 47,5% de menores de 15 años (1961). Esa
formidable presión biológica juvenil, unida a los factores inherentes a la
crisis social y psicológica de nuestro tiempo, explcica la aceleración repentina
de nuestra historia y el abismo que de pronto se abrió entre los adultos y los
jóvenes traducido , en el campo político, en la insurgencia armada o en las
manifestaciones violentas de calle, y en lo literario, en un propósito de
ruptura con el estilo estético, con la escritura bella, en aras de imitar el
habla corriente, chata, anodina.(Liscano, J)
Para entonces, tenemos el gobierno de Rómulo
Betancourt, considerado como el primer mandato democrático, sin embargo está de
más decir —o quizás nunca sea repetitivo mencionarlo— que esta supuesta
democracia beneficiaba sólo al lado más pudiente de la sociedad venezolana, reprimiendo
y matando a quienes se oponían a “El padre de la democracia” famosa es su
frase: disparen primero y averigüen después. Esta fue la época del nacimiento
de la fuerza armada de liberación nacional, donde importantes personajes de
todo tipo (artistas, médicos, sociólogos, intelectuales y sensibles ante la
injusticia al fin) tomaron armas y se fueron a la montaña para crear las
guerrillas venezolanas. Cabe destacar importantes escritores como Fabricio
Ojeda, Argenis Rodriguez, Argimiro Gabaldón. A este último, Caupolicán Ovalles
le dedica un poema llamado Con una bala
en el pecho.
Para
taparte las balas / las balas con mi pecho (…) con la gorra del general
Gabaldón para tapar balas / con la espada del general Gabaldón para tapar balas
/ con los CIEN AÑOS del general gabaldón para tapar balas / que entre mi padre
y yo sumamos como ciento cincuenta años de guerra (…) Yo quiero que el sol
alumbre de noche para que vea Argimiro y para la luna que siempre alumbra de
noche yo quiero que alumbre más para Argimiro / insisto porque él necesita esa
luz / Chimiro.
(Ovalles, -fragmento de Con una
bala en el pecho-)
Así nace —y muere a finales de los 60— El techo de
la Ballena, hastiado de tanta represión al pueblo e impunidad para los
poderosos, sus principales manifestaciones como lo son Homenaje a la necrofilia
y homenaje la cursilería son evidentes
reflejos de sus ganas deliberadas de molestar a los burgueses quienes
pretendían raptar el arte con exclusividad para ellos. “Percibimos, a riesgo de
asfixia, cómo los museos, las academias y las instituciones de cultura nos
roban el pobre ozono y nos entregan a cambio un aire enrarecido y putrefacto”
(el Techo de la Ballena, marzo de 1961)
Víctor Durán Salas

No hay comentarios:
Publicar un comentario