“Soy
un enfermo de literatura. De seguir así, ésta podría acabar tragándome como un
pelele dentro de un remolino, hasta hacer que me pierda en sucomarcas sin
límites. Me asfixia cada día más la literatura, a mis cincuenta años me
angustia pensar que mi destino sea acabar convirtiéndome en un diccionario
ambulante de citas”. (Enrique Vila-Matas, El mal de Montano)
Existen diversas
concepciones y discusiones en torno al término de postmodernidad. ¿Qué
característica tiene una época a la que es llamada posmoderna? ¿Cómo es el arte
posmoderno? Quizás no el primero que usó el término, pero sí quien lo consolidó
fue Jean-François Lyotard en su libro llamado, precisamente, La condición Postmoderna; donde definía
lo postmoderno como una incredulidad hacia las metanarrativas. Parece ser
entonces la era final de los grandes relatos, los héroes ya no son
protagonistas, sino más bien personajes fracasados y es abolida la
característica teleológica de la historia. Ya no hay, pues, un interés por
reflejar de alguna manera la realidad y, a veces, tampoco por transformarla. Existen
historias fraccionadas, subjetivas, en la cual no parece pasar mucho sino más
bien importa la concepción de quien observa la realidad, su vida y su estado de
ánimo.
Según Alfonso de Toro
lo postmoderno tiene, entre sus principales características, la fragmentación,
la deconstrucción y la intertextualidad. Fragmentación porque el discurso no
lleva siempre el mismo hilo narrativo, las historias son heterogéneas,
plurales. Por deconstrucción, entendemos lo que nos dejó Derrida, quien en su
teoría —con permiso de un resumen superfluo— planteaba que un texto es un mundo
en sí que no tiene nada que ver con la realidad, porque cada una de sus
palabras fue elegida con una intención y en oposición a otras y además a una
realidad representable. Por último tenemos el término de intertextualidad, que
es básicamente cuando un texto nos hace referencia a otro.
Aunque el calificativo
de postmoderno es frecuentemente usado en términos peyorativos, algunas obras
literarias, por estar escritas y ambientadas en un contexto postmoderno,
cumplen con las características propias de la postmodernidad sin dejar de ser
grandes obras de arte. Estas características antes mencionadas encajan de
manera ajustada a la novela de Enrique Vila-Matas “El mal de Montano”. El
narrador, personaje protagonista, dice estar enfermo de literatura, porque cada
acción que pasa, cada pensamiento, lo lleva a evocar una anécdota de la biografía
de un escritor o algún texto que alguna vez leyó. De esta manera va
construyendo y reconstruyendo su propia historia.
En tal sentido, el
propio narrador hace referencia a la fragmentación antes dicha. A principio del
capítulo II, el narrador expone la idea de reescribir un diario ficticio en
proceso dándole otro sentido: “tuve la idea
de darle un giro a este diario y convertirlo (…) en un breve diccionario que
contara nada más que verdades sobre mi fragmentada vida” (pag.106). Él
expone la idea de una vida fragmentada que debe ser contada, mientras en la
propia historia va contando fracciones de su vida, de su historia, fragmentos
de textos de otro escritores, va hilvanando su discurso con aforismos propios y
de distintos autores. Por ejemplo, más adelante continúa diciendo: “Mi fragmentada vida, he dicho. Y me viene a
la memoria Ricardo Piglia, que dice que mientras un escritor escribe para saber
qué es la literatura, un crítico trabaja en el interior de los textos que lee
para reconstruir su autobiografía” (pag.107). Habla de fragmentación
mientras fragmenta el discurso. A pesar de dicha fragmentación, Vila- Matas
teje un discurso coherente, siempre posicionándose en un lugar en el mundo, con
una visión crítica sobre todo en la literatura la cual a veces pareciera tener
ciertos vestigios de una enfermedad mortal; así el escritor catalán reflexiona
sobre el actual estado de la literatura y de su lugar en este mundo caótico,
como justamente, afirma Carlos Fajardo: “La fragmentación hace que haya una
sensibilidad crítica frente a las estrategias de la exclusión y marginalidad
modernas”.
Por otro lado, el
término deconstrucción también aparece en el mal de Montano en un pasaje
casualmente también relacionado con el escritor Ricardo Piglia, el narrador
sueña, al quedarse dormido dibujando un oasis, encontrarse con alguien que
reconoce como a sí mismo a pesar de parecerse a Piglia, este, o sea él mismo
dice:
—
Debería usted estar ya dibujando las aulas sombrías de ciertas universidades
norteamericanas donde se dedican a deconstruir textos literarios.
—Bueno
—he dicho— las dibujaré cuando termine el oasis. Por cierto, ¿qué significa
deconstruir?
—No,
lo hará ahora mismo.
No se vuelve a tocar el
tema de la deconstrucción, por lo que en la novela no se aclara a que se
refiere; es curioso que plantee la duda sobre tal palabra, cuando bien esta es
un poco compleja de clarificar, como gran parte de la teoría de Derrida. Sin
embargo, podríamos decir que una lectura deconstructiva visualiza al texto como
una realidad en sí, que existe sustancialmente alejada de la vida. Si bien la
literatura podría hablar de —o ayudarnos para— la vida, no es la vida misma, la
vida está en otro lado; al leer, el texto es lo que existe; en el discurso
están todos los detalles que debemos buscar y no fuera de él porque sería
buscar neciamente objetos o fenómenos ausentes. Quizás el narrador nos deje con
la incertidumbre de aclarar el término a propósito, es posible que su intención
sea precisamente obviar el concepto de deconstrucción dejarlo fuera del texto,
en la vida que está fuera de la literatura; “precisamente porque la literatura
nos permite comprender la vida, nos deja fuera de ella”(Pag.302)
Si bien el texto nos
deja fuera de una realidad externa, el escritor catalán nos envuelve en textos
de otros escritores así como de sucesos acontecidos en sus vidas. Durante toda
la novela nos pasea por lo que parece un homenaje a la literatura; en ella
coexiste lo que también podría ser una característica posmoderna: la existencia
de dos caras de una moneda, en este caso la del placer y pesar de la
literatura; incluso llega a plantearse el hecho de encarnar a la literatura
misma y cómo este inverosímil capricho lo angustia.
Por último, el
novelista no sólo pareciera hacer un collage entre la vida y obra de distintos autores, sino que su propia manera de contar
es heterogénea, en el sentido en que no solo usa técnicas de la novela, sino
también del diario personal, la autoficción, el ensayo e incluso la crítica.
Esto, de igual manera, evoca a Lipovestsky
cuando sostiene, refiriéndose a partir del posmodernismo: “De ahora en
adelante el arte integra todo el museo imaginario, legitima la memoria, trata
con igualdad al pasado y al presente, hace cohabitar sin contradicción todos
los estilos”. Siempre partiendo de la observación del narrador, que en primera
persona nos expone sus pensamientos, su vida, sus emociones, su manera de
percibir la realidad, construyéndose una vida no sólo presente sino también
pasada y futura, mezclando los tiempos; nos expone sus inquietudes,
preocupaciones siempre en torno a sus experiencias, sean reales o ficticias, en
torno a un Yo, a cada detalle de la propia vida del narrador, aunque pareciera
contar nimiedades personales o caer en lo anecdótico, debemos entender que es
ficción y que además tiene una intención; construye un Yo que no es él mismo,
es un reflejo en el espejo, otro; como expresa el propio narrador: “Quizá la
literatura sea eso: inventar otra vida que bien pudiera ser la nuestra,
inventar un doble”. Ese doble también podría oponerse —o definir— a un Yo
verdadero, manteniendo así la subjetividad, lo personal, el individuo. En fin,
parafraseando a Umbral: en la postmodernidad está presente, también, cierto
narcisismo.
Víctor Durán Salas

Interesantes reflexiones. Si algo aprendí con mi Maestro Enrique Plata es que posmodernidad y posmodernismo no son la misma miasma. Calificar a un artista "de la posmodernidad" a nominarlo como "posmoderno". El texto de De Toro (infiero que se trata de "Posmodernidad y Latinoamérica") habla exclusivamente de la primera, ergo, no posee tales características. Personalmente prefiero a Lyotard que sabe dónde está parado. No me interno en honduras, no he leído a Vila-Matas, no sé si quedará entre mis pendientes que nunca cumplo. Te felicito. Invita a la lectura, tu texto.
ResponderEliminarGracias por tomarte el tiempo de leerme y comentar. Un abrazo.
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