martes, 12 de julio de 2016

EL MAL DE MONTANO: CONSTRUCCIÓN POSTMODERNA DE UN YO FICTICIO



“Soy un enfermo de literatura. De seguir así, ésta podría acabar tragándome como un pelele dentro de un remolino, hasta hacer que me pierda en sucomarcas sin límites. Me asfixia cada día más la literatura, a mis cincuenta años me angustia pensar que mi destino sea acabar convirtiéndome en un diccionario ambulante de citas”. (Enrique Vila-Matas, El mal de Montano)

Existen diversas concepciones y discusiones en torno al término de postmodernidad. ¿Qué característica tiene una época a la que es llamada posmoderna? ¿Cómo es el arte posmoderno? Quizás no el primero que usó el término, pero sí quien lo consolidó fue Jean-François Lyotard en su libro llamado, precisamente, La condición Postmoderna; donde definía lo postmoderno como una incredulidad hacia las metanarrativas. Parece ser entonces la era final de los grandes relatos, los héroes ya no son protagonistas, sino más bien personajes fracasados y es abolida la característica teleológica de la historia. Ya no hay, pues, un interés por reflejar de alguna manera la realidad y, a veces, tampoco por transformarla. Existen historias fraccionadas, subjetivas, en la cual no parece pasar mucho sino más bien importa la concepción de quien observa la realidad, su vida y su estado de ánimo.
Según Alfonso de Toro lo postmoderno tiene, entre sus principales características, la fragmentación, la deconstrucción y la intertextualidad. Fragmentación porque el discurso no lleva siempre el mismo hilo narrativo, las historias son heterogéneas, plurales. Por deconstrucción, entendemos lo que nos dejó Derrida, quien en su teoría —con permiso de un resumen superfluo— planteaba que un texto es un mundo en sí que no tiene nada que ver con la realidad, porque cada una de sus palabras fue elegida con una intención y en oposición a otras y además a una realidad representable. Por último tenemos el término de intertextualidad, que es básicamente cuando un texto nos hace referencia a otro.
Aunque el calificativo de postmoderno es frecuentemente usado en términos peyorativos, algunas obras literarias, por estar escritas y ambientadas en un contexto postmoderno, cumplen con las características propias de la postmodernidad sin dejar de ser grandes obras de arte. Estas características antes mencionadas encajan de manera ajustada a la novela de Enrique Vila-Matas “El mal de Montano”. El narrador, personaje protagonista, dice estar enfermo de literatura, porque cada acción que pasa, cada pensamiento, lo lleva a evocar una anécdota de la biografía de un escritor o algún texto que alguna vez leyó. De esta manera va construyendo y reconstruyendo su propia historia. 

En tal sentido, el propio narrador hace referencia a la fragmentación antes dicha. A principio del capítulo II, el narrador expone la idea de reescribir un diario ficticio en proceso dándole otro sentido: “tuve la idea de darle un giro a este diario y convertirlo (…) en un breve diccionario que contara nada más que verdades sobre mi fragmentada vida” (pag.106). Él expone la idea de una vida fragmentada que debe ser contada, mientras en la propia historia va contando fracciones de su vida, de su historia, fragmentos de textos de otro escritores, va hilvanando su discurso con aforismos propios y de distintos autores. Por ejemplo, más adelante continúa diciendo: “Mi fragmentada vida, he dicho. Y me viene a la memoria Ricardo Piglia, que dice que mientras un escritor escribe para saber qué es la literatura, un crítico trabaja en el interior de los textos que lee para reconstruir su autobiografía” (pag.107). Habla de fragmentación mientras fragmenta el discurso. A pesar de dicha fragmentación, Vila- Matas teje un discurso coherente, siempre posicionándose en un lugar en el mundo, con una visión crítica sobre todo en la literatura la cual a veces pareciera tener ciertos vestigios de una enfermedad mortal; así el escritor catalán reflexiona sobre el actual estado de la literatura y de su lugar en este mundo caótico, como justamente, afirma Carlos Fajardo:  “La fragmentación hace que haya una sensibilidad crítica frente a las estrategias de la exclusión y marginalidad modernas”.
Por otro lado, el término deconstrucción también aparece en el mal de Montano en un pasaje casualmente también relacionado con el escritor Ricardo Piglia, el narrador sueña, al quedarse dormido dibujando un oasis, encontrarse con alguien que reconoce como a sí mismo a pesar de parecerse a Piglia, este, o sea él mismo dice:
— Debería usted estar ya dibujando las aulas sombrías de ciertas universidades norteamericanas donde se dedican a deconstruir textos literarios.
—Bueno —he dicho— las dibujaré cuando termine el oasis. Por cierto, ¿qué significa deconstruir?
—No, lo hará ahora mismo.
No se vuelve a tocar el tema de la deconstrucción, por lo que en la novela no se aclara a que se refiere; es curioso que plantee la duda sobre tal palabra, cuando bien esta es un poco compleja de clarificar, como gran parte de la teoría de Derrida. Sin embargo, podríamos decir que una lectura deconstructiva visualiza al texto como una realidad en sí, que existe sustancialmente alejada de la vida. Si bien la literatura podría hablar de —o ayudarnos para— la vida, no es la vida misma, la vida está en otro lado; al leer, el texto es lo que existe; en el discurso están todos los detalles que debemos buscar y no fuera de él porque sería buscar neciamente objetos o fenómenos ausentes. Quizás el narrador nos deje con la incertidumbre de aclarar el término a propósito, es posible que su intención sea precisamente obviar el concepto de deconstrucción dejarlo fuera del texto, en la vida que está fuera de la literatura; “precisamente porque la literatura nos permite comprender la vida, nos deja fuera de ella”(Pag.302)
Si bien el texto nos deja fuera de una realidad externa, el escritor catalán nos envuelve en textos de otros escritores así como de sucesos acontecidos en sus vidas. Durante toda la novela nos pasea por lo que parece un homenaje a la literatura; en ella coexiste lo que también podría ser una característica posmoderna: la existencia de dos caras de una moneda, en este caso la del placer y pesar de la literatura; incluso llega a plantearse el hecho de encarnar a la literatura misma y cómo este inverosímil capricho lo angustia. 
Por último, el novelista no sólo pareciera hacer un collage entre la vida y obra de distintos  autores, sino que su propia manera de contar es heterogénea, en el sentido en que no solo usa técnicas de la novela, sino también del diario personal, la autoficción, el ensayo e incluso la crítica. Esto, de igual manera, evoca a Lipovestsky  cuando sostiene, refiriéndose a partir del posmodernismo: “De ahora en adelante el arte integra todo el museo imaginario, legitima la memoria, trata con igualdad al pasado y al presente, hace cohabitar sin contradicción todos los estilos”. Siempre partiendo de la observación del narrador, que en primera persona nos expone sus pensamientos, su vida, sus emociones, su manera de percibir la realidad, construyéndose una vida no sólo presente sino también pasada y futura, mezclando los tiempos; nos expone sus inquietudes, preocupaciones siempre en torno a sus experiencias, sean reales o ficticias, en torno a un Yo, a cada detalle de la propia vida del narrador, aunque pareciera contar nimiedades personales o caer en lo anecdótico, debemos entender que es ficción y que además tiene una intención; construye un Yo que no es él mismo, es un reflejo en el espejo, otro; como expresa el propio narrador: “Quizá la literatura sea eso: inventar otra vida que bien pudiera ser la nuestra, inventar un doble”. Ese doble también podría oponerse —o definir— a un Yo verdadero, manteniendo así la subjetividad, lo personal, el individuo. En fin, parafraseando a Umbral: en la postmodernidad está presente, también, cierto narcisismo.
Víctor Durán Salas

2 comentarios:

  1. Interesantes reflexiones. Si algo aprendí con mi Maestro Enrique Plata es que posmodernidad y posmodernismo no son la misma miasma. Calificar a un artista "de la posmodernidad" a nominarlo como "posmoderno". El texto de De Toro (infiero que se trata de "Posmodernidad y Latinoamérica") habla exclusivamente de la primera, ergo, no posee tales características. Personalmente prefiero a Lyotard que sabe dónde está parado. No me interno en honduras, no he leído a Vila-Matas, no sé si quedará entre mis pendientes que nunca cumplo. Te felicito. Invita a la lectura, tu texto.

    ResponderEliminar